Ha conquistado el hombre, en la era tecnológica, una inmensa capacidad de satisfacer necesidades, de intensificar desarrollos. Pero es una capacidad ambivalente: lanzable hacia el abismo del «bienestar» (la sociedad montada sobre el principio del placer, que le roba al hombre la razón de vivir, que beligera contra la autenticidad del hombre concreto), o impulsable hacia el horizonte del bienser (la estructuración social abierta a objetivos de elevación de lo humano, destentadora de negatividades, en la que el hombre concreto puede realizarse libremente sobre valores que estrena o que asume).

[Jesús Arellano, La existencia cosificada, Ed. Universidad de Navarra (EUNSA), Pamplona, 1981]