Un blog, un blog… ¿pero eso da dineros?

Llevo años escuchando la misma pregunta de boca de mi padre, como años estuvo dedicándome blasfemias porque decidí dejarme las barbas a lo afro. Hasta que al fin, en ambos casos, se acostumbró, aunque sé que sigue sin entender ninguno de estos dos hábitos que tengo.

Con un blog pasa como en aquel chiste que alguna que otra vez él me ha contado: “en mi casa no comemos, pero nos reímos tanto…”. Un blog no da dineros, pero da alegrías. Da motivos para reír a carcajadas y también para añorar con nostalgia lo que ayer nos daba risa. Nos da luz y a la vez nos muestra qué hay tras las sombras.

Nos ayuda a encontrar a aquellos que ven el mundo con nuestros mismos ojos y a veces los convierte en parroquianos. Un blog es sitio para hacer una crónica de lo cotidiano y de cómo todo eso se vuelve extraordinario. Nos ayuda a dejar constancia de nuestra existencia y a darnos cuenta de que no se puede vivir sin estas cosas que son el pan del camino.

Hoy este blog cumple cinco años y con él yo, que junto a él he crecido y madurado. Celebro en este día su nacimiento y cuánto me ha dado, pues es mi vástago, aunque a veces parezca que le salto un ojo de quererlo tanto, como el diablo a su hijo. No dejo de quererlo por poco que yo diga por su boca, pues, al final, su misión sigue siendo la de ser un lienzo para lo más bello de cuanto puedo mostrar al mundo, que es eso que aquí veis luego vosotros.

Por otros muchos lustros de compartir la vida en un trozo de red, y de alterar de vez en cuando lo que se tiene por inmóvil. Porque reír nos reímos, pero hoy, además, también comemos.

[Gracias a todos por seguir leyendo este blog y dejando vuestros comentarios. Y gracias a Sara Sanz por esta tarta de aniversario de cinco años, que son también los meses que lleva ella aguantándome, y que sean más]