La lluvia de la noche ha amainado en la playa
y están los pescadores preparando las redes.
Duerme la luz del faro alzado entre las nubes
que velan la luz nueva que ahora cae
como un sudario blanco sobre la faz del mundo.
Allá en el espigón algunos niños
abrazan la mañana. Van corriendo
por la arena y las rocas, caminan sobre el agua
y juegan a vencer a la mar y a las olas
en un instante leve, que es ya la vida eterna.

(Rota, 8.IV.12)