Últimamente no suelo escribir mucho, y la verdad es que ya no me gusta escribir discursitos, y menos si son ñoños. Soy consciente de que tengo ya cierta edad y cierto cansancio de las cosas y ya no me apetece dedicarme a escribir uno de esos posts en los que uno hace balance de todo lo que ha encontrado y ha perdido en el año anterior. No tiene mucho sentido y, además, son muchas cosas. Al fin y al cabo, lo bueno permanece (“nada se pierde en el mundo”) y lo malo languidece en la cuneta del olvido, aunque no hay mal que por bien no venga. Pensándolo bien, quizá debería hacer propósito de enmienda (que no de año nuevo) y retomar ese hábito perdido (o abandonado) de ir dejando aquí el día a día en pinceladas, para al final del año no tener que contar nada más que las historias que ya os contamos.

Feliz 2013 a todos. Que en los días que siguen, y siempre, sigamos encontrando muchas cosas buenas (y malas que por bien vengan) y que, como dice Gregorio, podamos compartirlas con mucha gente con la que merezca la pena vivir.

Feliz 2013