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La última ocurrencia del señor Bukowski y servidor, para estrenar este nuevo juguetito.

Música: Bobby McFerrin & Chick Corea – ‘Round midnight

De fotos. Pero que graban vídeo. Concretamente la Canon 5D Mark II. Y para demostrar cómo graba, este videoclip oficioso para un temazo como el Feel it all around de Washed Out.

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=X-ebZt_plw0]

Y aquí otra muestra: el spot del Nissan Sentra SE-R para Canadá (pueden ver el making of en este post de Xatakafoto).

[Youtube=http://www.youtube.com/watch?v=aSUpbovpiJg]

Y, por supuesto, las fotos.

Lo que es el fotochó.

Son las dos y cuarto de la mañana. Hace más de tres horas que dije que me iba a estudiar Derecho, pero en realidad no no he dejado, hasta ahora, de curiosear en el ordenador. Sólo cinco minutos más, me dije, y para hacer algo de provecho decidí importar los feeds del Google Reader que me pasó Bukowski.

Parecía que lo iba a dejar todo para otro día, cuando leí, entre otros muchos títulos, A ver si me pagan. Es (o era) el nombre del antiguo blog de Bukowski. Les confieso, como alguna vez he hecho con él, que he deseado volver a consultar ese blog que, para desgracia de los que lo leíamos, desapareció en agosto de 2007. Era una auténtica referencia para nuestro círculo de lectores-blogueros, y contenía multitud de entradas, todas interesantes.

Y así, con una tremenda curiosidad, pinché en el título. Allí estaban todas las entradas, una tras otra. Faltan algunas fotos, algunos enlaces están caídos, y varios vídeos de Youtube han sido retirados. Y tampoco pueden leerse los comentarios, esa salsa de todo blog cuya importancia y sentido comentábamos el otro día con Enrique.

Pero no importa. Allí estaban, y ahí siguen estando. Comencé a bajar con el ratón, y no lo creía. Realmente podían leerse los textos que, durante tantos meses, nos regaló su autor. Y así me tiré casi tres horas, repasando todas las entradas, en orden cronológico inverso, desde las que mejor recordaba (aquel homenaje a Spider-Cerdo, Robert Donat interpretando al Conde de Monte Cristo, la peleíta de los “chicos de Númenor” con Cristo entrando en Bruselas, o el ventilador que anticipaba el verano), hasta las primeras, a finales de octubre de 2006, muchas que nunca leí (aquella de muertes tontas -la primera del todo-, la de los trenes que pasan vacíos, o el primer poema del blog: el Remedia Amoris de Mesanza).

Entre medias, muchas entradas sobre poesía -y poemas propios-, reflexiones, cuentos, vídeos, fotografía, videojuegos e informática, cine, música… Me parece aparatoso, e incluso desagradable, tener que pararme a enumerar algunas. No es algo que me apetezca en este momentos, pues he estado escribiendo casi sin pausa durante veinte minutos, y esta entrada no es más que el culmen de ese regusto dulce que tengo ahora mismo, después de ojear todo el blog de una tacada.

Mientras he estado escribiendo, escuchaba una sesión de Deep House, obra del Dj Angel Monroy, y que descubrí gracias a un post que Bukowski me dedicaba precisamente a mí. Esa música soulful, tranquila, melódica, cremosa, mientras saboreaba las líneas con las que muchos disfrutamos y compartimos opiniones, risas y vivencias al calor de esa lumbre, como diría Rocío, que era el A ver si me pagan.

Por momentos, mientras miraba la fecha de cada una de las entradas, he revivido las sensaciones de aquel muchacho de 19 años, aún despreocupado, que todavía no sabía gran cosa de esto que es la vida. Y no es que ahora sepa mucho más, pero digamos que el cuento ha perdido parte de su gracia. Entonces, en aquellas tardes de frío, cuando echábamos de menos el invierno, cuando nos alegrábamos de los Jueves Santos encapotados -porque Dios está en la lluvia-, cuando reíamos y llorábamos, y bailábamos cuando nadie nos veía y tocábamos pianos invisibles a ritmo de funk setentero, entonces -así quiero creerlo-, al menos durante el tiempo en que dura un suspiro, fuimos felices.

Ya noto que el sueño me va venciendo, y me siento bastante extraño. Llevo un mes sin postear, dando vueltas a dos o tres entradas sin conseguir ni tiempo ni palabras para culminarlas. Y hoy, de un chispazo, ha surgido esto. No sé si está bien o no, pero no me importa demasiado.

El Buentes y yo ya hablábamos el otro día, entre copas y pescaíto, con Uca aquello de que los temas, en poesía, siempre son los mismos. Yo creo que no sólo en poesía, sino con todo en la vida. Al final nos llevamos lo que nos llevamos, y lo demás no importa. Las risas, las reuniones, las pechás de comer y las cañas. Las pipas encendidas. Los cantos. El viejo rito. Los amigos. Los buenos recuerdos.

Todas esas cosas que, cuando las descorchas en una noche como ésta, después de un largo tiempo, saben tan bien como un Château Cheval del 61.

[Publicado originalmente en Sin futuro y sin un duro]

Un tuiteo de @sinfuturo me informó hace cosa de una semana de que varios obispos italianos habían propuesto un ayuno tecnológico para la Cuaresma. Al día siguiente, pude ver en Antena 3 un pequeño vídeo de un par de minutos comentando la noticia. Desde que se hizo pública, esta exhortación ha causado cierto revuelo, aunque por dos vertientes distintas.

El primero de ellos es el de muchos creyentes que discrepan y se preguntan por qué tienen que renunciar a algo que realmente no es malo. “Puedo ayudar a alguien con un sms”, dicen algunos católicos, y también hay quienes plantean la duda entre qué es tecnología y qué no. “¿Es la música algo tecnológico si la escucho en el mp3? ¿Y si lo hago en una gramola?”.

Aunque cabe alguna matización, sin duda el sentido de esta recomendación es bueno. Y realmente no se entienden estas críticas arriba descritas, cuando el propio arzobispo de Módena, Benito Cocchi, que también apoya esta vigilia, ha aportado la clave en una de sus palabras: “desintoxicarse”.

El sentido del ayuno -no sólo el tecnológico, sino también el tradicional- no es sino el de soltar el lastre de lo que no nos hace falta, y renunciar a todo lo que no es necesario en primer término. Evidentemente, si una persona no come nada se muere, y por eso quizá tampoco sea comprensible una vigilia tecnológica total. Escucha música con un mp3 (o en un ordenador) no es malo, al igual que no lo es mandar un sms cuando es necesario o usar una computadora para trabajar o mandar un correo importante.

Pero lo que no ya no es tan sano, lo que realmente nos intoxica (y esto todo lo hemos vivido alguna vez -o lo vivimos día a día, me incluyo-), es estar todo el día dependiendo de los aparatos tecnológicos, como quien está enganchado al twitter/tuenti/MSN, o el que manda mensajes de móvil de forma compulsiva. Como el que está todo el día comiendo sin parar. Abusa de lo innecesario, y uno acaba intoxicado de cosas superfluas. Y ahora que hacmos uso de la red social, adquiere mucho más sentido lo que dice Cocchi: ayunar es “reencontrarse con uno mismo”.

Por otra parte, también hay quien afirma que el ayuno no es más que una recomendación arcaica que hoy carece de sentido, y por eso esta vigilia tecnológica es un anacronismo. Nada más lejos de la realidad. La mejor seña de que la Iglesia corre con los tiempos no es que haya nombrado a la tecnología, sino que ha hablado de vigilia. Porque lo importante no es de qué se ayuna, sino el propio ayuno, y lo que ello implica: desprenderse de lo inútil, renunciar a lo que no nos hace falta y reconquistar la pureza y la sencillez -como la propia Iglesia reconquista sus raíces al preocuparse por este aspecto-. ¿Hay acaso un mensaje más acorde con los días de crisis que nos tocan vivir?

Todos esos ateos y no creyentes que califican a la Iglesia de institución monolítica y cerrada, y a los cuales corriendo se les llena la boca con el cuento de la “renovación” de la institución (es curioso que hablen de algo que no les incumbe, cuando ellos mismos pretenden que la Iglesia no opine de esto o aquello) mediante la ruptura con todo lo anterior, deberían entender que, como en los otros órdenes de la vida humana, hacer eso para dedicarse a asuntos que nada tienen que ver con la naturaleza de uno mismo sólo supone caos y nada, mientras que la búsqueda de la esencia propia en las raíces de la tradición es el mejor ejemplo de renovación que existe.

¿Acaso, pues, hay mejor ejemplo de actualidad que volver a la vigilia?

El que da vida a esto…

Jesu, Heraldo Mayor del Reino del Arrozal del Guadalquivir.

… y se enfanga en esto otro

Erudición y luces

Letras: Antoine de Saint-Exupery - El principito

Música: (Nu) Jazz + Bossa Essentials (lista de Spotify)

Anales

Pinacoteca Nacional del Reino

Orquesta Afónica Arrocera


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