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JESÚS RODRÍGUEZ / GREGORIO VERDUGO | Los trabajadores de la residencia de mayores Manuel Ridruejo Muñoz, en Sevilla, acuden cada día a su puesto de trabajo cargados con la losa de no haber cobrado las nóminas de los dos últimos meses y otras tres de 2011. Enmarañados en la retahíla de excusas de la asociación que gestiona la residencia, viven con la incertidumbre de no saber hasta cuándo sobrevivirán mientras emplean sus diezmadas fuerzas en no dejar desamparados, a pesar de los impagos, a los ancianos residentes del centro.

Daniel Martínez es uno de esos miles de jóvenes sevillanos arrollados por el vendaval de una crisis que no les ha dado ni una mísera oportunidad de anticiparse o sobreponerse y que los ha dejado desguarnecidos en medio de una tormenta que no amaina, desnortados, sin saber muy bien quién son ni dónde están o en qué lugar se encuentra el camino por el que se sale de esta nada.

Cuando conversas con Daniel, el tono de su voz, su mirada dispersa y a veces cabizbaja, su relato preñado de silencios, todo él se convierte en un gran interrogante que encierra un implacable “por qué” en sus entrañas. A sus treinta años, continúa viviendo con sus padres. “Siempre he vivido con ellos, excepto cuando estuve independizado durante un año, hace cuatro, con mi novia”. Lo dice con el regusto amargo de la nostalgia en los labios.

Ambos adquirieron una casa en Albaida del Aljarafe (Sevilla), con el correspondiente préstamo adjunto para poder pagarla. Cuando la relación entre ellos se quebró, la hipoteca quedó dividida entre los dos de una forma salomónica, pero ahora, tras siete años cargando con ella, Daniel apenas puede afrontar el pago. “Llevo ya dos meses sin pagar, y estoy pensando en dejar de hacerlo porque no puedo; sé que me puede traer consecuencias gravísimas, como ser moroso el resto de mi vida, pero es que no tengo para pagarla”.

A pesar de todo, Daniel se puede considerar en cierta manera afortunado de no pertenecer a ese trágico 31% de jóvenes entre 16 y 30 años -1,6 millones en total- que se encuentran en paro. Él sí tiene empleo. Trabaja desde hace tres años como educador social en la residencia de mayores Manuel Ridruejo Muñoz de Sevilla. No obstante, tanto él como sus cerca de 70 compañeros llevan sin cobrar dos meses (marzo y abril), además de otros tres que les adeudan desde el año pasado (febrero, marzo y la paga especial de junio).

La historia completa, en sevilla report

Algunas fotos de la manifestación del 1 de Mayo en Sevilla. La crónica, aquí. Más fotos y el vídeo de la protesta, aquí. También en Retablos.


Lo que empezó una tarde de finales de octubre, con una charla entre Jack Daniel’s, Cecilio Gordillo y servidor en una taberna del barrio de San Bernardo de Sevilla, concluyó una noche fresca de marzo, con una entrevista atípica a las 21 de la noche en unos banquitos de La Alameda. Entretanto, cinco meses de indagar en las entrañas del miedo y de lo oscuro, de enfangarse en el cieno de la historia, de rescatar historias de personas, contadas más con la mirada que con los labios, y de perseguir nombres lapidados que pronunciar para traerlos a la vida y redimirlos del polvo del tiempo y el olvido.

Estos cinco meses de todo esto ya tienen forma. Están encarnados en un nuevo relato que os presento e invito a que tengáis en vuestras manos, con la ilusión y la esperanza de que la historia os desborde el alma y os abra los ojos como ha hecho con mi compañero Gregorio y conmigo. Que disfrutéis de ella como nosotros hemos disfrutado confeccionándola y trayéndola hasta vosotros.

La batalla por la redención de los nombres | Descarga el reportaje en PDF

Ayer, en el diario, me mandaron a cubrir la inauguración del alumbrado navideño de Sevilla. Me dijeron que al final también iba a salir en el papel, así que me tomé la licencia de escribir un poema en prosa que, luego, como ya imaginaba, me mutilaron (ya saben, la información, esa locura de números y datos, es lo que manda). Por suerte, ya he aprendido de otras veces y lo salvé antes. Con unas leves correcciones, aquí lo tenéis. Es poco más que una fotografía en verso de ésas a las que soy aficionado, pero espero que os guste.

LUCES DE NAVIDAD

Hay bullicio de gente en las calles del Centro
nubladas por el humo de un puesto de castañas.
Y hay músicos que animan con su jazz
el carrusel continuo de familias con niños
que salen de las tiendas y abarrotan la vía.
Aún no ha oscurecido pero el cielo
ya está vistiendo el traje del ocaso.
Un tumulto de niños ha asaltado la Plaza
Nueva. El rey San Fernando mira atento
sus idas y venidas, cómo corren
y dan saltos y llaman con gritos a sus madres.
De pronto se reúnen frente al Ayuntamiento
las madres con los niños. Todos esperan quietos
a que alguien apriete el botón blanco
que han puesto frente a ellos, sobre una mesa roja.
Algunos aún no saben qué rara maravilla
saldrá de ese artilugio que, dicen, hace magia.
Ya viene un concejal con aura de rey mago,
seguido de una niña y su inmensa sonrisa.
Se acercan a la mesa, y el concejal le dice:
“¡Adelante, pequeña, aprieta este botón!”.
Y entonces… ¡chas! La magia hace la luz
que trepa a las farolas y a los árboles
y a las ventanas del Ayuntamiento
y vuelve azul la Plaza y brilla San Fernando.
De nuevo corretean los niños tras las luces,
y van gritando: “¡Mami, mira, son de colores!”.
Sigue bulliendo el Centro con gente que pasea
y surca el aire el humo de castañas,
la música de un saxo, burbujas de jabón,
las voces de los niños, el duende navideño.

3-XII-10

Y si os apetece, os dejo de bonus track el vídeo que hice para El Correo (con música lolailo lailo, según uno de los comentaristas).

Los países extranjeros acosan a España por el altísimo déficit nacional. La noticia se está comentando únicamente en el plano económico, como es lógico, aunque mentiría si niego que este bullying de mercado de valores me recuerda más a una regañina de patio de colegio, entre compañeros de clase, acaso con las burlas y el señalar con el dedo típicos de los colegiales.

Los países extranjeros increpan a España, le apuntan con el dedo y se ríen. Le reprochan todo lo que ha hecho, la mayoría de ello malo, y se burlan de ella. La llaman impostora, farsante. Le ponen enfrente el peor de los espejos, el de la verdad dicha por boca ajena. Ahí están los vecinos que ven y dicen todas esas cosas que España misma no quiere (parece que ni siquiera puede) ver ni decirse a sí misma. De la calle vendrán y te meterán las cabras en el corral.

España es un país de mierda, y siempre lo ha sido. Que estemos en el siglo XXI y llevemos 25 años en la Unión Europea no quiere decir que hayamos dejado -o vayamos a dejar- de serlo. España ha sido siempre un país de zánganos y listos, de vividores y farsantes. Un país barroco, de pura fachada. Un país donde antes robaban los castellanos con el conque de los gitanos y ahora se sustituyen a los calós por rumanos -ya ni los refranes se respetan-.

Ya no nos acordamos de los años de la posguerra, de los trenes del exilio y la emigración, de Alemania, Suiza, Holanda. Hoy vemos una foto de los negritos de África jugando con una pelota hecha con un ovillo de harapos y decimos que qué lástima, pero ya no recordamos que hace no tanto rodaban estas pelotas por las calles de pueblos españoles que hoy están embellecidas por obras de -y gracias a- los fondos FEDER y con casas construidas con ese pan y agua eterno y esencial, casi divino, del PER.

Ya hemos olvidado todo esto que malvivimos hace apenas cuatro décadas mal contadas. Vaya por Dios -¡válgame San Vacío, una expresión religiosa!-, en España, patria madre de la memoria histórica cacareada a bombo y platillo. Memoria para según qué cosas, interesada como los españoles, a los que sólo les interesa lo que les interesa. Ya se sabe: de lo que me gusta me harto.

Así somos y así es España, un país de pobres hartos de pan. Unos tiesos, que decimos en el Sur. Nos hemos arrimado a los ricos y hemos visto que nos invitaban a sus banquetes, a su fiesta de democracia bien entendida. Nosotros, que siempre hemos tenido apenas para salir del paso diario, vimos el dinero europeo y nos volvimos locos. Renegamos de nuestra condición y entonces empezamos a derrochar, a poner bonita la casa, a mirar por encima al resto del mundo y a querer codearnos con los vecinos de la jet-set que luego reían nuestra ridícula pose de creernos lo que nunca hemos sido ni seremos.

Y ya se sabe que las vacas gordan al final siempre flaquean o mueren. Y hénos aquí, tiesos como siempre, pero con la desdicha del eterno pobre que de repente, sin saber cómo, fue rico y luego fue pobre, que ya se sabe que el primer paso es muy fácil pero el segundo es de morirse de asco. El tiempo nos ha puesto en nuestro sitio, y ahora, en vez de aceptar de una vez nuestro sino, todo es llorar y querer llevar de nuevo el tren de vida que no nos corresponde.

Pero ahora no están nuestros vecinos para seguir invitándonos al banquete. Nosotros somos como esos nuevos ricos que llegan al barrio como unos intrusos. Nos admitieron en un club cuyas reglas nos venían grandes y ahora que lo hemos puesto en peligro nos hemos dado cuenta -o quizá no- de que en este vecindario europeo no hay don Quijotes que nos ayuden a desfacer nuestro entuerto.

Sólo hay vecinos que ahora ya no son vecinos, sino extranjeros, que señalan con el dedo nuestra culpa y nuestras vergüenzas, nuestro afán por ser lo que nunca hemos sido, nuestro fracaso, nuestra miseria, mientras nos preguntan con cara de inquisición aquello que piensan todos y cada uno de los españoles: y ahora, ¿qué?

[Post original en Sin futuro y sin un duro]

El que da vida a esto…

Jesu, Heraldo Mayor del Reino del Arrozal del Guadalquivir.

… y se enfanga en esto otro

Erudición y luces

Letras: Antoine de Saint-Exupery - El principito

Música: (Nu) Jazz + Bossa Essentials (lista de Spotify)

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Carmen

Carmen

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Amanecer en el puerto

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